Radiografía del error... en un evento

Autora: Sandra Álvarez Lema

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Creo que en pocas ocasiones se suscitan tantos debates en una profesión -internos y externos- como al hablar de un error en la organización de un evento.

 

Empiezo diciendo que en mi opinión, en la mayor parte de ocasiones todo este asunto es algo realmente desagradecido. Me explico. En cada acto, en cada evento, se hace un gran esfuerzo individual y colectivo para que todo salga a la perfección, para que la arquitectura previa de ese acto sea perfecta, no hay nada al azar para que llegado el momento de la ejecución de la obra, no salga perfecto.

 

Esto no siempre garantiza el éxito, pero sí lo persigue.

 

En caso de que todo salga bien, todo el mundo contento: anfitrión, invitados, autoridades, personalidades, compañeros, etc... Objetivo cumplido. Cada uno a su casa y Dios en la de todos. Nadie te da una palmadita en la espalda, es sencillamente tu obligación.

 

Si la fatalidad acompaña ese día entonces la cosa cambia. Cuando el error es imputable a una tercera persona ajena a la organización, y no se ha podido prever, tras el enfado inicial normal se estudia la forma de que no vuelva a ocurrir y de minimizar el efecto.

En caso de ser el fallo, imputable a nosotros, a los que tenemos buena parte de la responsabilidad de que lo que allí acontece, la cosa cambia. Somos un colectivo que no puede y no debe tener fallos. Sí, es así de duro.

 

Estoy segura que muchos de mis compañeros y compañeras, comparten este momento.

 

Es un trabajo tan expuesto, tan público que los fallos adquieren otra dimensión, más allá de lo que son en la mayor parte de casos: errores humanos.

 

Pero, en nuestra profesión el error es imperdonable.

 

Quizás un contable, por poner un ejemplo, no tenga esta presión, si hay un fallo en un balance, se corrige y listo, y si es durante el mismo ejercicio, mucho mejor. Un abogado que pierde un caso va a recibir igualmente su remuneración por parte del cliente, un traductor durante una conversación, un biólogo, incluso un médico en un diagnóstico erróneo, etc... voy más allá. Es habitual, lamentablemente, cuando se firma una escritura pública, de un piso mismamente, que figure la expresión “cuerpo cierto” Esta fórmula protege al vendedor ante posibles reclamaciones y si por ejemplo, el comprador, detecta que el piso tiene menos metros una vez escriturado que los convenidos, al comprar por “cuerpo cierto” no pasa nada. Es decir, que si el arquitecto y la constructora, por error –pobres, si es que el metro y el escalómetro no son fiables- al construir el piso lo hacen más pequeño, no hay nada que hacer. Puede pasar. Todos somos humanos. Metro arriba metro abajo…

 

En fin que todos ellos pueden cometer errores, está más que asumido por todos, pero un profesional de Protocolo no.

 

Pasado el día de autos el incidente en todos los medios -ufff… con lo que gustan de dar carnaza si se ve afectado un político o de ahí para arriba-, sobre todo si el acto, el organismo que lo organiza y los actores intervinientes son de cierta magnitud. Censura mediática y búsqueda de culpables. Guillotina preparada y a cortar cabezas.

 

Y lo peor llega cuando al reciente abrigo de las redes sociales todo el mundo -incluidos compañeros de profesión- especula, habla, opina, critica...En fin, que hay una frase que reza algo así “Escucha a tus enemigos, que son los primeros en notar tus errores”. Cierto.

 

Creo que sería bueno pararnos a pensar en todo esto. Con unos minutos es suficiente.

 

En lugar de ser todos tan censores, algo que parece se nos da muy bien, debemos tener más empatía con nuestros colegas y compañeros. Quizás una bandera mal colocada responda a presiones políticas de índole partidista, o una mesa organizada de forma incorrecta a intereses económicos, políticos puntuales, o incluso organizativos, es más, el “toda la vida se hizo así y ahora no vamos a cambiarlo” es un argumento muy habitual en la administración pública y muy difícil de desmontar.

Los usos y las costumbres inveteradas del lugar, en muchos casos –doy fe- tienen más peso que nuestro conocido Real Decreto de Precedencias. Y si el jefe dice que así, es el que manda. Lo haga con más o menos acierto.

 

Ojo, no estoy haciendo apología del trabajo mal hecho, nada más lejos.

 

Los que organizamos eventos tenemos la obligación de hacer cumplir la normade informar a nuestros superiores de lo que está bien o mal, de profesionalizar cada día más nuestro trabajo. De dignificar la profesiónMás aún cuando en los últimos años la formación se ha oficializado y luchamos contra el intrusismo y otros males.

 

No obstante no siempre es posible.

 

 

Me gustaría que mi reflexión de hoy sirviera para que a partir de ahora, cuando detectemos un error en la organización de un evento, seamos más indulgentes con nuestros compañeros. Quizás lo más profesional, antes de ponerlo de vuelta perejil en Facebook o Twitter sea ponernos en contacto con él o ella y preguntar el motivo de esa decisión, es posible que nos sorprenda e incluso aprendamos de ello. 

 

La experiencia no tiene valor ético alguno, es simplemente el nombre que le damos a nuestros errores. (Oscar Wilde)

 


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Autora: Sandra Álvarez Lema

 

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