¿Somos protocolistas 360º?

Autora: Sandra Álvarez Lema


Hace unos días compartía en mi perfil de Facebook un artículo que publicaba el Confidencial Digital, hablaba de aquello que más demandaban las empresas en su personal… y que no encontraban. Algunos de estos  “primeros espadas”  de ámbito privado son: Ikea, Coca-Cola, BMW, McDonald´s o Seur, entre otros, han decidido aunar fuerzas y en formato observatorio, han creado una plataforma donde el principal objetivo es transformar el mercado laboral en paisaje positivo; crear un beneficio a la propia empresa, al trabajador y a la sociedad.

 

Las habilidades que desde el Observatorio de Innovación en el Empleo (OIE) apuntan como necesarias y carentes en los candidatos actuales son: la iniciativa, la adaptabilidad, la flexibilidad, saber trabajar en equipo y ser un buen comunicador.

 

Ahí es nada.

 

Lo cierto es que el actual sistema educativo no deja margen al desarrollo de esta formación transversal, se centra, básicamente, en la enseñanza de contenidos teóricos. Todo a pesar de las promesas que nos hizo un día Bolonia. La teoría es una cosa… y la práctica otra muy distinta amigas y amigos.

 

¿Qué papel juega en todo esto el profesional de protocolo?, ¿somos protocolistas 360º?. Conocemos las aptitudes necesarias para desempeñar bien nuestro trabajo, ¿y las actitudes?. Si tuviéramos que enumerarlas, ¿cuáles serían?.

 

Estoy segura que habría disparidad de opiniones. Aún así voy a intentarlo.

 

 

  • Comunicar con solvencia, hacernos entender básicamente, ser un buen gestor de feedbacks verbales y no verbales.
  • Control y manejo en todo tipo de situaciones, en especial las difíciles (las fáciles las controla cualquiera), esto supone agilidad mental, nada de prejuicios, conocimiento del terreno a fondo y buena dosis de autocontrol personal.
  • Perseverancia.
  • Empatía. En todo momento y el día del evento mucho más. Trabajamos con personas y las personas traen con ellas sus emociones, sentimientos, etc… A veces este punto fluctúa a medias con la asertividad en el ejercicio de nuestras funciones. Es todo un reto por el que debemos, en ocasiones, pagar peaje.
  • Saber trabajar en equipo, aquí es donde entra en juego el control y manejo de situaciones, personas que decíamos hace un momento.
  • Ser resolutivo. En lugar de disertar sobre el problema, minimizarlo y buscar la forma de resolverlo.
  • Neutralidad a raudales y tratar de no ser tóxico.
  • Flexibilidad. Necesaria a la hora de resolver situaciones tensas o conflictos, ser un buen negociador nos sacará de más de un apuro.

Autora: Sandra Álvarez Lema

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